September 10th, 2011

Entre los brazos de una montaña cálida despierto,

me desenvuelvo lentamente

intentando no estorbar su paz.

¡Cuánto quisiera que esto no desvaneciera!

 

Gota a gota se aumenta el peso de mi corazón,

debo irme de este valle plácido.

Y al igual que el sol se levanta,

el cuerpo a mi lado cobra vida.

 

Entre las sombras del amanecer

aquellos brazos me vuelven a

enredar y quedo ahí inmóvil;

entre las sombras del amanecer

percibo su mirada insistente.

Me debo ir.

 

Sólo una vez pensé que

me decía que me quedara,

pero por miedo a que fuese cierto

no volví a mirarlo.

Me levanté para seguir al sol en su camino

y no miré hacia atrás,

a aquel cuerpo que sólo pedía el mío.

 

-natalia ríos puras